sábado, 30 de marzo de 2013

Monumento de Semana Santa en Villanueva del Duque

Monumento de la Semana Santa 2013 en la Parroquia de San Mateo Apóstol y Evangelista, de Villanueva del Duque


SIGNIFICADO DE LA VISITA A LOS MONUMENTOS

Después de la misa del Jueves Santo en la noche, el Santísimo se reserva en lugares especiales para la comunión del Viernes Santo, día en que se conmemora la Pasión y muerte del Señor y en que no se celebra la Eucaristía. Con la consolidación del culto eucarístico en los siglos XII y XIII, se extendió la costumbre de preparar un “sepulcro” a Cristo. He ahí que en muchos lugares se llame todavía “sepulcro” a aquello que nosotros conocemos como monumento.

La devoción popular hizo de este gesto práctico, es decir, reservar las hostias consagradas el Jueves Santo para la comunión del Viernes Santo, todo un despliegue de arte y creatividad. Nosotros heredamos esta tradición ya desde el principio.

¿POR QUÉ LA COSTUMBRE DE VISITAR SIETE MONUMENTOS?

¿Por qué el número de siete? Es una costumbre posterior a la de la preparación de los monumentos. Esta se deriva de la usanza romana de visitar las siete iglesias más importantes de Roma, que fomentara y promoviera san Felipe Neri en el S. XVI, y que todavía hoy se conserva.

Este gesto es una especie de peregrinación y sacrificio, que recuerda, según algunos, cuando Jesús fue llevado de un lado a otro durante el proceso seguido antes de su crucifixión.

Según la devoción popular, la visita a los siete monumentos recuerda los siguientes pasajes bíblicos:

1-El recorrido por Jesús desde el lugar de la Ultima Cena, hasta el Huerto de los Olivos;
2-Del huerto a la casa de Anás;
3-De ahí a la casa de Caifás;
4-El tránsito al pretorio de Pilato;
5-De Pilato a la casa del Rey Herodes;
6-Cuando es llevado por segunda vez ante Pilato.
7-El recorrido hacia el Calvario con la Cruz a cuestas.

La costumbre de visitar los monumentos es propia del Viernes Santo, aunque muchos la hacen ya desde el Jueves en la noche. Desde tempranas horas de la mañana se ven numerosos grupos que van de iglesia a iglesia para cumplir con esta hermosa devoción.

Jueves Santo: Lavatorio de los Pies en los Oficios de la Cena del Señor

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Lavatorio de los Pies en la Parroquia de San Mateo de Villanueva del Duque. El párroco Don Ignacio y  los doce varones de mayor edad de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salvación, según es tradición


De JOSEPH RATZINGER. EL CAMINO PASCUAL. 

“… a través del gesto simbólico del lavatorio de los pies, el significado de la vida y de la muerte de Jesús. En esta visión desaparece la frontera entre la vida y la muerte del Señor, las cuales se presentan como un acto único, en el que Jesús, el Hijo, lava los pies sucios del hombre. El Señor acepta y realiza el servicio del esclavo, lleva a cabo el trabajo más humilde, el más bajo quehacer del mundo, a fin de hacernos dignos de sentarnos a la mesa, de abrirnos a la comunicación entre nosotros y con Dios, para habituarnos al culto, a la familiaridad con Dios.

El lavatorio de los pies representa para Juan aquello que constituye el sentido de la vida entera de Jesús: el levantarse de la mesa, el despojarse de las vestiduras de gloria, el inclinarse hacia nosotros en el misterio del perdón, el servicio de la vida y de la muerte humanas. La vida y la muerte de Jesús no están la una al lado de la otra; únicamente en la muerte de Jesús se manifiesta la sustancia y el verdadero contenido de su vida. Vida y muerte se hacen transparentes y revelan el acto de amor que llega hasta el extremo, un amor infinito, que es el único lavatorio verdadero del hombre, el único lavatorio capaz de prepararle para la comunión con Dios, es decir, capaz de hacerle libre. El contenido del relato del lavatorio de los pies puede, por tanto, resumirse del modo siguiente: compenetrarse, incluso por el camino del sufrimiento, con el acto divino-humano del amor, que por su misma esencia es purificación, es decir, liberación del hombre. Esta visión que nos ofrece San Juan contiene, además, algunos aspectos complementarios:

a) Si las cosas son así, la única condición de la salvación es el «sí» al amor de Dios, que se hace posible en Jesús. Esta afirmación no expresa en modo alguno una idea de apokatástasis general, que caería en el error de hacer de Dios una especie de mago y que destruiría la responsabilidad y la dignidad del hombre. El hombre es capaz de rechazar el amor liberador; el Evangelio nos muestra dos tipos de un rechazo semejante. El primero es el de Judas. Judas representa al hombre que no quiere ser amado, al hombre que piensa sólo en poseer, que vive únicamente para las cosas materiales. Por esta razón, San Pablo dice que la avaricia es idolatría (Col 3,5), y Jesús nos enseña que no es posible servir a dos señores. El servicio de Dios y el de las riquezas se excluyen entre sí; el camello no pasa por el hondón de la aguja (Mc 10,25).

b) Pero hay otro tipo de rechazo de Dios; además del rechazo del materialista, se da también el del hombre religioso, representado aquí por Pedro. Existe el peligro que San Pablo llamó «judaísmo» y que es duramente criticado en las cartas paulinas; consiste este peligro en que el «devoto» no quiera aceptar la realidad, es decir, no quiera aceptar que también él tiene necesidad del perdón, que también sus pies están sucios. El peligro que corre el devoto consiste en pensar que no tiene necesidad alguna de la bondad de Dios, en no aceptar la gracia; es el riesgo a que se halla expuesto el hijo mayor en la parábola del hijo pródigo, el riesgo de los obreros de la primera hora (Mt 20,1-16), el peligro de aquellos que murmuran y sienten envidia porque Dios es bueno. Desde esta perspectiva, ser cristiano significa dejarse lavar los pies o, en otras palabras, creer.

2. Vemos así que, a través de la escena del lavatorio de los pies, el evangelista interpreta no sólo la cristología y la soteriología, sino también la antropología cristiana. Para ilustrar esta afirmación quisiera esbozar ahora tres puntos:

a) Además de la vida y de la muerte de Jesús, esta visión comprende también los sacramentos del bautismo y de la penitencia, que nos sumergen en las aguas del amor de Jesús: la vida y la muerte de Jesús, el bautismo y la penitencia, constituyen juntamente el lavatorio divino, que nos abre el camino de la libertad y nos permite acceder a la mesa de la vida.

b) En esta escena se interpreta también el contenido espiritual del bautismo: el «sí» constante al amor, la fe como acto central de la vida del espíritu. c) De estos dos puntos se desprende una eclesiología y una ética cristianas. Aceptar el lavatorio de los pies significa tomar parte en la acción del Señor, compartirla nosotros mismos, dejarnos identificar con este acto. Aceptar esta tarea quiere decir: continuar el lavatorio, lavar con Cristo los pies sucios del mundo. Jesús dice: «Si yo, pues, os he lavado los pies, siendo vuestro Señor y Maestro, también habéis de lavaros vosotros los pies unos a otros» (13,14). Estas palabras no son una simple aplicación moral del hecho dogmático, sino que pertenecen al centro cristológico mismo. El amor se recibe únicamente amando.

Según el Evangelio de Juan, el amor fraterno se halla entrañado en el amor trinitario. Este es el «mandato nuevo, no en el sentido de un mandamiento exterior, sino como estructura íntima de la esencia cristiana. En este contexto, no carece de interés poner de relieve que San Juan no habla nunca de un amor universal entre todos los hombres, sino únicamente del amor que ha de vivirse en el interior de la comunidad de los hermanos, es decir, de los bautizados. Jn/A-H: No faltan teólogos modernos que critican esta posición de San Juan y hablan de una limitación inaceptable del cristianismo, de una pérdida de universalidad. Es cierto que existe aquí un peligro y que se hace necesario acudir a textos complementarios, como la parábola del samaritano y la del juicio final. A-H/C:Pero, entendido en el contexto de todo el Nuevo Testamento, en su indivisible unidad, Juan expresa una verdad muy importante: el amor en abstracto nunca tendrá fuerza en el mundo si no hunde sus raíces en comunidades concretas, construidas sobre el amor fraterno. La civilización del amor sólo se construye partiendo de pequeñas comunidades fraternas. Hay que empezar por lo concreto y singular para llegar a lo universal. La construcción de espacios de fraternidad no es hoy menos importante que en tiempos de San Juan o de San Benito. Con la fundación de la fraternidad de los monjes, San Benito se nos revela como el verdadero arquitecto de la Europa cristiana; él fue quien construyó los modelos de la nueva ciudad, inspirados en la fraternidad de la fe.

Volviendo al Evangelio, podemos afirmar que el relato del lavatorio de los pies tiene un contenido muy concreto: la estructura sacramental implica la estructura eclesial, la estructura de la fraternidad. Esta estructura significa que los cristianos han de estar siempre dispuestos a hacerse esclavos los unos de los otros, y que únicamente de este modo podrán realizar la revolución cristiana y construir la nueva ciudad.

3. Quisiera añadir a esta meditación dos exégesis de San Agustín a propósito del lavatorio de los pies; con estas interpretaciones, el Obispo de Hipona explica la tensión de su vida entre contemplación y servicio cotidiano.

a) En una primera consideración, san Agustín reflexiona sobre estas palabras del Señor: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio» (/Jn/13/10). El Santo se pregunta qué quiere decir: si uno se ha bañado, es decir, bautizado, todo él está limpio; ¿por qué y en qué sentido tiene necesidad de lavarse los pies? ¿Qué puede significar este lavatorio de los pies, siempre necesario después de haberse bañado, después del bautismo? Así responde el Santo Doctor: sin duda, el bautismo nos ha limpiado enteramente, incluso los pies. Estamos «limpios»; pero, mientras vivimos aquí abajo, nuestros pies pisan la tierra de este mundo. «Pues los mismos afectos humanos, sin los cuales no hay vida en esta nuestra condición mortal, son como los pies, con los cuales entramos en contacto con las realidades humanas; y estas realidades nos alcanzan de tal manera, que si dijéramos que estamos libres de pecado nos engañaríamos a nosotros mismos» (AUGUSTINUS, Tract. in Johan, LVI 4; C. Chr. XXXVI 468). Pero el Señor está en presencia de Dios y, en virtud de su intercesión, nos lava los pies día tras día en el momento en que nuestros labios pronuncian la oración: perdona nuestras deudas. Todos los días, cuando rezamos el Padrenuestro, el Señor se inclina hacia nosotros, toma una toalla y nos lava los pies.

b) San Agustín reflexiona inmediatamente después sobre otro texto de la Escritura, tomado del Cantar de los Cantares, en el que encuentra unos versículos -a primera vista enigmáticos, según él- sobre el tema del lavatorio de los pies. En el capítulo 5 del Cantar hallamos la siguiente escena: la esposa se encuentra en el lecho y duerme, pero su corazón vela. De pronto, un rumor la despierta; el amado llama: «¡Abreme, hermana mía!» La esposa se resiste: «Ya me he quitado la túnica. ¿Cómo volver a vestirme? Ya me he lavado los pies. ¿Cómo volver a ensuciarlos?»

Aquí comienza la reflexión del Santo Doctor. El amado que llama a la puerta de la esposa es Cristo, el Señor. La esposa es la Iglesia, son las almas que aman al Señor. Pero -dice San Agustín- ¿cómo pueden ensuciarse los pies si salen al encuentro del Señor, si van a abrirle la puerta? ¿Cómo podría ensuciarnos los pies el camino que conduce a Cristo, el camino que lava nuestros pies? Ante semejante paradoja, San Agustín descubre algo decisivo para su vida de pastor, para resolver el dilema entre su deseo de oración, de silencio, de intimidad con Dios y las exigencias del trabajo administrativo, de las reuniones, de la vida pastoral. El obispo dice: la esposa que se resiste a abrir son los contemplativos que buscan el retiro perfecto, se apartan por completo del mundo y quieren vivir exclusivamente para la belleza de la verdad y de la fe, dejando que el mundo siga su camino. Pero llega Cristo, resuenan sus pasos, despierta al alma, llama a la puerta y dice: «Tu vives entregada a la contemplación, pero me cierras la puerta. Tú buscas la felicidad para unos pocos, mientras fuera crece la iniquidad y el amor de la multitud se enfría...» Llama, pues, el Señor para sacar de su reposo a los santos ociosos y grita: «Aperi mihi, aperi mihi et praedica me!» A decir verdad, cuando abrimos las puertas, cuando acudimos al trabajo apostólico, nos ensuciamos inevitablemente los pies. Pero los ensuciamos por la causa de Cristo, porque aguarda fuera la multitud y no hay otro modo de llegar a ella que metiéndonos en la inmundicia del mundo, en medio de la cual se encuentra (Ibid.. LVII. 2-6 p. 470ss)

Así interpreta San Agustín su propia situación. Después de la conversión quiso fundar un monasterio, abandonar definitivamente el mundo y vivir con sus amigos dedicado por entero a la verdad, a la contemplación. Pero en el 391, cuando fue ordenado sacerdote en contra de sus deseos el Señor vino a desbaratar este reposo, llamó a su puerta y desde entonces no había día que no llamara; no le dejaba en paz: «¡Abreme y predica mi Nombre». Agustín llegaría a comprender que esta llamada que escuchaba a diario era realmente la voz de Jesús, que Jesús le impulsaba a ponerse en contacto con las miserias de la gente (por aquel tiempo, el Santo Obispo hacía también las funciones de Khadi, de juez civil) y que, por paradójico que esto pudiera resultar, era precisamente así como caminaba hacia Jesús, como se acercaba al Señor. «¡Abreme y predica mi Nombre!» Ante la generosa respuesta de San Agustín sobra todo comentario: «Y he aquí que me levanto y abro. ¡Oh Cristo, lava nuestros pies: perdona nuestras deudas, porque nuestro amor no se ha extinguido, porque también nosotros perdonamos a nuestros deudores! Cuando te escuchamos, exultan contigo en el cielo los huesos humillados. Pero cuando te predicamos, pisamos la tierra para abrirte paso; y, por ello, nos conturbamos si somos reprendidos, y si alabados, nos hinchamos de orgullo. Lava nuestros pies, que ya han sido purificados, pero que se han ensuciado al pisar los caminos de la tierra para abrirte la puerta (Ibid.. LVII, 6, p.472).

lunes, 25 de marzo de 2013

Vía Crucis con los jóvenes de Villanueva del Duque

En la noche muy fría del Domingo de Ramos, los jóvenes de la parroquia organizaron su tradicional Vía Crucis hasta la Ermita de San Gregorio
Las diferentes estaciones fueron meditadas por nuestro párroco Don Ignacio. El amor de Dios nos urge al compromiso cristiano
El Cristo Vivo fue llevado por los jóvenes por las calles de Villanueva. Cargar con Cristo es todo un privilegio, el cargó con nuestros pecados
Las luces de las antorchas iluminaban nuestro camino y mitigaban el intenso frío; mientras los jóvenes elevaban sus cantos al cielo
Momentos para meditar en el amor de Dios, hacia cada uno de nosotros, demostrado en la Cruz. ¿Como le respondo yo?
En la cuesta de San Gregorio, con Villanueva del Duque de fondo de nuestras meditaciones. Momentos para reflexionar y pensar en las cosas importantes de la vida
"Jesús cae por segunda vez": La gravedad del pecado ante nuestros ojos
La Cruz pesa, pero el Amor es mas fuerte que nuestra debilidad y nuestro pecado
La vida sólo vale la pena vivirla si es para entregarla a una causa grande y llenarla de sentido: el ejemplo de Jesús nos ilumina y enseña el verdadero camino
La noche de nuestra vida, a la luz de la fe y del amor: ¿Para que vivo?
"Simón ayuda a Jesús a llevar la Cruz": la Vida como servicio y solidaridad. La entrega y la donación nos dan la felicidad y paz del corazón
"Despojan a Jesús de sus vestimentas": Todo un Dios que se entrega por mi, que no se reserva nada; que me ama...
¿Que tengo que hacer yo por Dios? ¿Como le responderé? ¿Jesús, que quieres de mi?
"Muerte de Jesús en la Cruz": La reconciliación del hombre con el Padre; es posible el perdón de mis pecados, es posible un cambio en mi vida
La cuesta arriba de la vida, es más fácil acompañado del Amor de Dios, siempre adelante con Jesús y María
Frío intenso y corazón ardiente de amor, un poco de sacrificio acompañando a Jesucristo en su camino al Calvario
El me quiere, ¿Lo quiero yo suficientemente a Él?
María Aurora y Rocio: "Cuanto he esperado este momento, cuando he esperado que estuvieras aquí"
"Te adoramos oh Cristo y te bendecimos. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo"
"Dan sepultura al Cuerpo de Jesús": Que resucite YA en mi corazón y en mi vida
La Cruz siempre en el centro de nuestras vidas: ¿Que nos separará del Amor de Dios?
Cantando al amor de Dios en agradecimiento: "Me has seducido Señor con tu mirada"
La bendición final de Don Ignacio dio conclusión a nuestro Vía Crucis, tras rezar por las intenciones del Santo Padre Francisco

domingo, 17 de marzo de 2013

Peregrinación de jóvenes a Montilla

Jóvenes de las parroquias de San Mateo de Villanueva del Duque y de San Pedro de Villaralto compartieron viaje a Montilla, sumándose a la peregrinación que la Delegación de la Juventud de la Diócesis organizó hasta la Basílica de San Juan de Ávila, y que convocó a más de 500 jóvenes de toda la diócesis. 

Nueve kilómetros separan Montemayor, punto de partida de nuestra caminata,  de las reliquias del Santo en Montilla, tiempo para reflexionar, aprovechar para confesarse con alguno de los sacerdotes que participaban en la marcha, y de compartir. 
Un alto en el camino, tiempo para escuchar catequesis, descansar y comer alguna cosa.
El camino se hace largo y los descansos son bienvenidos
Algunos de los chicos de Villaralto que compartieron el camino con nosotros
Montilla a lo lejos, bien merece una foto
Don Demetrio habla a los jóvenes en el Centro de Atención al Peregrino. El Obispo nos recibió a nuestra llegada a Montilla
Don Demetrio con los jóvenes de Villanueva del Duque y de Villaralto
La Santa Misa , presidida por el Obispo, fue el punto central de nuestra peregrinación a Montilla

Pregón de Semana Santa 2013, en nuestra parroquia

              Don Juan José Córdoba Ramos, pregonero 2012,presentado a la pregonera del 2013.
Doña María José Romero Medina declamando su pregón
El párroco consiliario, con los presidentes de las diversas Hermandades de Semana Santa
Vista de los fieles asistentes
Presidentes Hermandades: Entrada Triunfal de Jerusalén, Santísimo Cristo de la Salvación, Nuestro Padre Jesús Nazareno, Virgen de los Dolores; Pregonera María José Romero Medina; Párroco Consiliario Don Ignacio Mora; Alcaldesa María Isabel Medina Murillo.
La pregonera con su familia.

martes, 12 de marzo de 2013

Pregón de Semana Santa 2013: María José Romero

MARÍA JOSÉ ROMERO MEDINA, PREGONERA DE LA SEMANA SANTA DE VILLANUEVA DEL DUQUE

La Agrupación de las Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Villanueva del Duque, ha designado a la villaduqueña María José Romero Medina, como Pregonera de la Localidad, acto que tendrá lugar en la Iglesia Parroquial de San Mateo Apóstol, el próximo sábado, dieciséis de marzo, tras la Santa Misa (21:00 Horas).

María José, hermana de la Cofradía de Ntra. Sra. de los Dolores, es Licenciada en Filología Hispánica y empleada de banca. Es una mujer emprendedora, muestra de ello, es su responsabilidad como propietaria y gerente del alojamiento turístico Casa Rural El Verdinal de nuestra Localidad.

(José  Caballero  Navas)

SANTA MISA: 20:30 HORAS
Pregón Semana Santa 2013

Día: Sábado 16 de Marzo 2013

Lugar: Parroquia San Mateo Apóstol y Evangelista

Hora: Tras la Santa Misa (21:00 horas aproximadamente)

domingo, 10 de marzo de 2013

San José en Villanueva del Duque

P A R R O Q U I A
DE
SAN MATEO APÓSTOL Y EVANGELISTA

 CULTOS EN HONOR DEL GLORIOSO

PATRIARCA SAN JOSÉ


SOLEMNE  SEPTENARIO


DEL 11 AL 17 DE MARZO

A LAS 19’00 HORAS,
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Y REZO DEL ROSARIO.
A LAS 19’30 HORAS SANTA MISA

EL MARTES 19 DE MARZO,
SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ,

DÍA DE PRECEPTO,
ANTES DE LA FUNCIÓN RELIGIOSA,
PROCESIÓN POR LAS CALLES DE LA LOCALIDAD.


 SAN JOSÉ EN VILLANUEVA DEL DUQUE, TRADICIÓN DE FE


Hablar de la devoción a San José en Villanueva del Duque, es hundirse en sus más profundas raíces cristianas, depositarias de una de las tradiciones que de generación en generación, reconocen al santo Patriarca de la Iglesia como modelo e intercesor de la vida espiritual interior cristiana.

Complementada con la Novena que en la Parroquia de San Mateo Apóstol se le tributa al Santo, por parte de su Hermandad, muy concurrida por los fieles, se celebra en la Localidad, el llamado Mes de San José, de enorme arraigo y participación popular.

La costumbre es que durante todo el mes de marzo, dedicado a San José, se rece en casi todas las calles del pueblo el citado Mes de San José, que no es otra cosa que la de unirse los vecinos en una de las casas en las que se coloca la imagen del Santo en un altar de cultos, y allí, a la hora convenida, tras las invocaciones propias al Espíritu Santo, se recitan las lecturas de cada día, en las que se consideran y piden por unas intenciones concretas, y en las que se medita un modelo de vida cristiana ejemplar.

Una persona, conduce las oraciones, y el resto de ellas, responden lo convenido, de modo que todos participan de este tiempo tan especial dedicado a la reflexión cristiana.

Durante todo el mes, se recitan los Dolores y Gozos de San José, a excepción de los días dedicados a su Novena, que se inicia el día veinte, y en la que se contemplan los Gozos de San José.

Cada día se inicia con una Oración al Glorioso Patriarca San José, y se concluye con el Acto de Consagración, además de la Letanía y Oración Final para todos los días.

Es de destacar, el casi centenar de imágenes de San José repartidas por Villanueva del Duque, muchas de ellas, de considerable antigüedad, que reflejan el sentir devocional que siempre ha tenido entre los vecinos San José.

Estas oraciones están recogidas de manera escrita en antiquísimos libros de principios del Siglo XVIII, conservados cuidadosamente, además de las mantenidas de manera oral de padres a hijos.

José Caballero Navas

miércoles, 6 de marzo de 2013

Libros de San Juan de Ávila, a la venta en la parroquia: Para la oración y la formación

Nuestra parroquia ha puesto a la venta dos obras de San Juan de Ávila, para  profundizar en la doctrina de este gran Santo, cuyas reliquias recibimos en Villanueva el pasado 26 de Enero (pulsa aquí). Se trata del Audia, filia y del Tratado del Amor de Dios

El Audia, filia, además de ser una obra espiritual preciosa de nuestro Siglo de Oro, el el único libro en el que San Juan de Ávila expone de forma orgánica las líneas esenciales de su doctrina espiritual. El cristiano, a lo largo de sus páginas, es guiado en el proceso de su vida espiritual, fijándose en lo fundamental de ella. El recorrido propuesto va desde la configuración del viejo Adán, que recibimos en nuestro nacimiento, hasta la identificación con Cristo, el nuevo Adán.

Con el deseo de que una obra tan formidable pueda ser leída con facilidad por cualquier lector y siga haciendo el bien que hizo en otras épocas, en la presente edición se ha modernizado el lenguaje, respetando el contenido de lo que su autor quiso trasmitir.

Audia, filia: Está a la venta en la parroquia al precio de 13 euros
Sobre el Tratado del Amor de Dios, escribió nuestro Obispo, Don Demetrio:

"Recordad aquella frase tan preciosa del beato Juan Pablo II: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente” (RH 10).

De eso trata este librito de san Juan de Ávila, un santo español del siglo XVI, que reformó la Iglesia desde dentro, es decir, dejándose él mismo transformar por el amor de Dios, que le esponjó el corazón. Juan de Ávila nació en 1500 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) y murió en 1569 en Montilla (Córdoba). Es llamado apóstol de Andalucía, porque predicó por muchos lugares de esta región. Y es patrono del clero español. Es maestro de vida espiritual y pronto será declarado doctor de la Iglesia.

Su doctrina tiene como centro y motor el amor de Dios, manifestado plenamente en el Corazón de Cristo, donde Dios nos ha amado hasta el extremo. Y Dios espera tu respuesta de amor a tanto amor suyo. Hay un corazón humano –el de Jesucristo- que te ama desde hace veinte siglos y que se emociona y se compadece con tu respuesta de amor. También sufre cuando te desentiendes de ese amor. Que este librito de san Juan de Ávila te encienda en el amor de Dios, en su doble dirección: en el amor que Dios te tiene y en el amor que tú le tienes a Él."

La edición que ponemos a la venta es la realizada por El Centro Diocesano San Juan de Ávila, de Montilla,

Tratado del Amor de Dios: Está a la venta en la parroquia al precio de 2,50 euros.

lunes, 4 de marzo de 2013

Nuestra parroquia de San Mateo Apostol y Evangelista

"Vosotros sois como un edificio levantado sobre los fundamentos que son los Apóstoles y los Profetas, y Jesucristo mismo es la piedra principal" Ef. 2,20.

“La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular (diócesis), cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo Diocesano , se encomienda a un párroco, como su pastor propio” (Código de derecho canónico, canon 515). 
"Es el lugar donde todos fieles pueden reunirse para la celebración dominical de la Eucaristía. La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida litúrgica, la congrega en esta celebración, le enseña la doctrina salvífica de Cristo y la lleva a practicar la caridad del Señor en obras buenas y fraternas”. (Catecismo de la Iglesia Católica No. 2179).
La palabra "Parroquia" viene del griego Paroika. En la palabra paroika está oika: "casa". Paroika significa etimológicamente "el tiempo de estadía o residencia”. El verbo paroikein quiere decir: "habitar cerca de, junto de, al lado de, estar provisoriamente, estar de paso, peregrinar”. Paroikaos es "el extranjero domiciliado". Muchos autores cristianos utilizan el verbo parokein para dar la idea de una presencia pasajera de los cristianos en el mundo. En el siglo II Paroika se convierte en sinónimo de "comunidad cristiana" o "Iglesia particular".
La Parroquia es como una fuente a la que todo el mundo viene a calmar su sed, decía el Papa Juan XXIII . Es una fuente de agua viva que Jesucristo ofrece a cada uno. Pablo VI decía que “la Parroquia tiene una misión indispensable de gran actualidad; ella debe crear la primera comunidad del pueblo cristiano”.
"La Parroquia es el lugar donde los ministerios y carismas de todos los fieles laicos, esenciales a la vida de la iglesia, pueden ser valorados. Ella no es en primer lugar una estructura, un territorio, un edificio, una comunidad de personas cumpliendo un cierto número de funciones sociales; Ella es ante todo, la familia de Dios, fraternidad que no tiene mas que un alma, una casa de familia, fraternal y acogedora; es la comunidad de los fieles." (Cf. exh. ap. Christifideles Laicis). 
"Después de la familia la Parroquia es la primera escuela de fe, oración y educación moral” dijo en 1985 el Papa Juan Pablo II. La Parroquia tiene por vocación reunir a los fieles de un territorio, sin distinción de origen, status social o edad; no sólo por afinidades, sino en razón de la proximidad. Reúne a los hijos de Dios que fácilmente se podrían dispersar.